¿Cómo se inicia esta obra de dos? ¿Qué hacer para no ir pisando huevos, sino más bien un terreno firme y próspero? La intimidad es uno de los puntos más vulnerables de numerosas parejas.
Alcanzar un auténtico y reconfortante acople de pareja, en una relación que comienza, es el anhelo de mucha gente, sobre todo cuando se cuenta con fracasos anteriores en esa esfera. Como ilusión naciente, llena de “química”, puede resultar si desde el principio la comunicación fluye limpia, incluso, antes de entrar en la alcoba. Los silencios y la ausencia de franqueza, abierta, desprejuiciada, tienden a diluir muchos romances.
Como cualquier otro tema de los cuales se conversa, como es el interés por determinado deporte, las aspiraciones laborales o hasta ciertas manías adquiridas, el sexo también puede ser motivo de plática. En ningún caso es bueno que sea excluido.
Tal y como queremos conocer detalles de esa persona por quien nos sentimos muy atraídas sobre su historia personal, amistades, familia, costumbres y demás, si realmente deseamos llegar a intimar con ella, es importante también para los dos aprender a comunicarse libremente sobre las preferencias sexuales; esto enriquece y profundiza los lazos de afecto y compromiso en una relación sana. Y evita esos equívocos que me cuenta Martha Lidia Pereda, desde Quito, Ecuador:
“Al principio de nuestra unión, mi pareja me hacía el amor todos los días. Tardé mucho tiempo en decirle que no podía seguir su ritmo. Entonces, con un suspiro de alivio, me confesó que se estaba obligando a hacerlo porque pensaba que eran mis deseos. En realidad, él también hacía un gran esfuerzo. Desde ese día, tenemos una comunicación sexual muy sincera y cercana. Aprendimos a ser una pareja sexualmente madura”.
Sin embargo, ¿cuántos y cuántos casos no hay de situaciones en que los silencios de uno de los dos, o de los dos, no se rompen en medio de la noche para hablar francamente?
Pastora Reyna me escribe un largo mensaje en el cual me cuenta casi toda su vida. Ella hace como una especie de catarsis que no hay duda resulta una buena terapia. De su extenso testimonio, extraigo este párrafo bien interesante:
“A mí hay cosas que en el sexo no me gusta hacer, pero terminaba cediendo porque creía que a él le encantaba. Por esa razón, me empecé a sentir mal haciendo el amor con mi pareja, a pesar de que era bueno conmigo y nos entendíamos en la vida. Nunca se enteró porqué lo dejé y ahora, en mi plena madurez, me doy cuenta que fui una tonta. Con un poco de comprensión creo que eso se hubiera resuelto.
* Fragmento extraído del libro Enigmas de la sexualidad femenina (Editorial de la Mujer), escrito por Aloyma Ravelo, periodista y Máster en salud sexual y reproductiva.
