Entrevistados

A continuación aparecen publicadas las experiencias y valoraciones de diversas personas interesadas en reflexionar en torno a las relaciones de pareja:

   30 años buenos

  Teresita tiene una alegría contagiosa y es una mujer feliz. Pronto será abuela y cumplirá tres  décadas de casada. A propósito de esto último, nos cuenta sus experiencias:

 ¨Casi al cumplir 30 años de matrimonio digo que la relación de pareja tiene de todo: sacrificio, malos y buenos momentos, felicidad y sobre todo, mucha comunicación¨.

_ ¿Casarse o vivir en pareja?

_ En mi época existía la creencia de fundar la relación de pareja a partir del matrimonio. Eso nos enseñaban nuestros padres. Lo primero era casarse, después venía la convivencia.

Aunque a veces se considera el matrimonio como una mera cuestión formal, sí le atribuyo mucha importancia. Esa unión legal permite la formación de un hogar, una familia, cambia el sentido de nuestra vida.

Ahora esa idea es diferente. Por ejemplo, mi hija vivió cuatro años en concubinato con su actual esposo, la mayor parte del tiempo en mi casa. Asimilé bien esa realidad diferente por completo a mi historia amorosa. Es inevitable adaptarse a los cambios que impone la vida.

_ ¿Cuánto se ha transformado la relación con tu pareja en vísperas de cumplir 30 años de convivencia?

_  Al principio del matrimonio vivíamos la ilusión del noviazgo. Ahora encontramos cada día nuevos incentivos a la relación.

Lo más importante en estos años ha sido la conversación inteligente y oportuna. En ocasiones discutimos y quedamos disgustados. Es ese caso, no es recomendable hablar enseguida. Es mejor esperar a que pase el disgusto y la mente se refresque. Después podremos analizar qué pasó, por qué sucedió y cómo evitar peleas futuras.

_ ¿Temiste alguna vez casarte con un hombre divorciado?

_ Muchas de mis amistades me decían que por el número de sus relaciones anteriores y la diferencia de edad, nueve años, Roberto había llegado cansado a mi vida. Nunca pensé así. Sabía de su pasado, pero me importaba el presente y las nuevas experiencias. Estaba dispuesta a arriesgarme, porque en el amor siempre hay riesgo. Al final todo resultó bien: formamos un hogar, tuvimos una hija y él siempre se ha comportado muy bien conmigo.

Nosotros conversamos mucho, sobre lo bueno y lo malo. Para hablar escogemos siempre el mejor momento. Trabajamos en el mismo lugar durante mucho tiempo, y jamás nos perseguíamos, ni desconfiamos uno del otro.

_ Entonces, ¿no son celosos?

_ No hemos sufrido por eso. Tampoco nos cuestionamos por qué escogemos determinada ropa, entre nosotros no existe esa desconfianza. Reconozco que sí soy celosa con mi hija, siempre quiero tenerla a mi lado.

_ ¿Quién es más comprensivo?

_ Roberto olvida rápido las peleas. He aprendido de eso.

_ ¿Qué otras virtudes tiene Roberto?

_ Es un hombre muy hogareño, arregla todo en la casa, coopera con todos y en todo. Aunque no le gusta mucho fregar. Por otro lado, es muy bien llevado con mi familia, mi mamá lo adoraba.

_ ¿Cómo influyó en la relación el nacimiento de una hija?

_ Indudablemente, al nacer la niña fuimos más felices. Educar una hija ha sido muy hermoso para los dos. Logramos compenetrarnos mejor.

_ ¿Quién tiene mayor afinidad con Patricia?¿Por qué?

_ Siempre la comunicación conmigo ha sido mejor, porque padre e hija se parecen demasiado como para entenderse bien. No obstante, se adoran. Si pelean, al rato se arreglan y todo es felicidad. Pero Patricia me cuenta las cosas con más facilidad.

_ Si tuvieras la oportunidad de ser joven otra vez, ¿escogerías la misma pareja?

_ Seguro que todo sería diferente. Pero, si me pidieras calificar estos años de matrimonio te diría que han sido felices, he vivido 30 años buenos. 

 

 

  A los 57 me rebelo 

 ¨Las mujeres no deben creerse suficientes, porque al final en ellas recae toda la responsabilidad de la casa¨.

Si el trabajo dignificante e incansable tiene nombre de mujer, es Isora. Y no es raro, porque ella dice tener un marido obsesivo compulsivo cuando se trata del quehacer laboral.

_ Me casé joven. Mi madre y mi abuela, tal como les habían enseñado, siempre me inculcaron ser suficiente en el trabajo. Me enseñaron que la mujer debe hacer de todo en la casa: cocinar, lavar, limpiar, sacudir, organizar, planchar, arreglar lo que se rompa, hacer los mandados, y en mi caso, además, trabajar en la calle.

El resultado es el acomodamiento de los maridos, que trabajan mucho fuera pero no hacen nada en la casa.

Cuando tenía a mis dos hijas pequeñas en la primaria, las llevaba a la escuela por la mañana y las recogía en la tarde, después de la jornada laboral. Además llegaba a la casa, me ocupaba de hacer las compras en el mercado, de cocinar y atender las necesidades de las niñas: ayudarlas con las tareas, conversar sobre su día. Eran jornadas extenuantes.

Hubo un tiempo en que mi marido estuvo trabajando cerca de la casa. Entonces, una viejita, ya fallecida, quien estaba al tanto de lo que llegaba al mercado, le avisaba y muchas veces casi que lo obligaba a hacer las compras, con la intención de aliviarme las cargas hogareñas. A esa señora le agradezco que exigiera a mi marido un poco de colaboración en las responsabilidades familiares.

Ahora que él tiene menos presión profesional, le he dicho que no estoy dispuesta a cargar más jabas con las compras del mercado. A veces se pierden productos del agro o cárnicos, pero yo tomé mi decisión y aunque sea una vieja no importa, por lo menos a los 57 me rebelo.

 

 

  Me gustan las relaciones estables

 Con solo 24 años, Carmita asume con madurez un divorcio y el inicio de una relación muy gratificante.

 _ Compartí muchas experiencias con mi ex marido. Nos conocimos cuando cursábamos el preuniversitario y decidimos casarnos en el tercer año de la carrera. En total, estuvimos juntos durante siete años.

_ ¿Por qué se casaron siendo estudiantes?

_ Fue una decisión de mi madre. Ella nos exigió casarnos cuando le contamos sobre mi primera relación sexual. Nosotros aceptamos sin pensar mucho y yo obtuve algo de libertad. Fui a vivir con mis suegros, que siempre fueron incondicionales conmigo.

_ ¿Qué dijo tu padre sobre el matrimonio?

_ Él siempre es más comprensivo conmigo. También es más liberal y comprende los cambios en las relaciones de pareja. Enseguida que habló conmigo me dijo que su única preocupación era mi felicidad. Si mi deseo era casarme, entonces tenía su apoyo.

_ ¿Cómo te enfrentaste tan joven al matrimonio?

_ Realmente no sabía qué cosa era estar casada. Muchas veces lo comenté con mi marido. Él tampoco tenía conciencia de eso. Para mí el matrimonio significaba tener el compromiso de lavar la ropa y cocinar la comida de mi pareja. Eso sí, hablábamos mucho y de cualquier tema, sobre todo yo.

Era muy cómoda mi vida de casada en el sentido de que mis suegros y mi marido se guiaban por lo que yo decía.  

_ Entonces, ¿por qué la separación?

_ Por el carácter tan introvertido de él. También es una persona complejista y le cuesta trabajo relacionarse con los demás. Por otro lado, a veces me celaba por gusto. Discutimos muchas veces por esos defectos, pero nunca hubo falta de respeto. Precisamente por eso, estuvimos separados en dos ocasiones. Volvíamos a intentar comprendernos, pero no resultó.

Sí creo que él logró cambiar mucho su carácter, yo también me volví más madura. Sin embargo, no aprendimos a sobrellevarnos bien.

_ ¿Cómo te sientes con tu pareja actual?

_ Muy bien. Él es muy maduro, sobre todo porque ha tenido relaciones con mujeres mayores. Somos de la misma edad y él fue mi primer noviecito de la adolescencia. No puedo asegurar que lo conozco bien, aunque nos entendemos de maravillas. Es conversador y analítico. También respetuoso.

_ ¿Cómo reacciona tu mamá?

_ Ella primero tenía su reserva. Es muy celosa con todos sus hijos y le gusta gobernarnos la vida. Lo bueno es que mi actual novio es ecuánime y muy correcto. Incluso fue a pedirle a mi mamá su autorización para visitarme en la casa. Eso es anticuado, pero no encuentro otra solución para que ella esté contenta. Sobre llegadas tardes y quedarse a dormir uno en la casa del otro, me dijo que ni lo pensara. Cree que soy una niña y cuando le contesto que soy una mujer con responsabilidad y capacidad de decidir mi vida, me acusa de atrevida y desconsiderada. Mi remedio es no hacerle caso y tratar de no contradecirla hasta un día que se canse y realmente entienda que soy independiente y madura. Y es que no hay motivo para su persecución, porque ella supo educarme bien. Es por eso que soy constante en el amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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